Publicación del Consejo Argentino de Oftalmología
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ISSN 1515-4785

 Año 14 Nº 2, mayo de 2001


La amarga solución malthusiana
por Mario Saravia
médico oftalmólogo, director de la revista MO

Hace no pocos años, el clérigo Robert Thomas Malthus (1766-1834) predecía que la población librada a su evolución tiende a reproducirse geométricamente, mientras que los recursos para sustentarla lo hacen aritméticamente.

Malthus era un liberal acérrimo, por lo que no extraña que la solución por él propuesta fuera la de no intervenir desde el Estado, de manera que cuando una parte importante de la población estuviera expuesta a la extrema pobreza, habría un natural control de la natalidad movido por el temor a ser pobres. Por tal motivo reclamaba suspender toda ayuda social a carenciados de parte del Estado o la Iglesia, para que la pobreza resultara más aterradora.

Probablemente Malthus no hubiera salido airoso de una consulta popular en la actualidad. Tampoco todas sus predicciones resultaron ser aciertos; sin embargo, se puede reservar para él el mérito de plantear la relación entre población y recursos, aunque no sus soluciones.

La encuesta nacional nos aporta algunos datos interesantes para discutir el problema demográfíco. La población de oftalmólogos se incrementó un 40% en la última década, eso quiere decir que se incorporaron al mercado laboral aproximadamente 1.400 oftalmólogos y no hay ningún motivo para suponer que esto se modifique para la próxima década, dadas las condiciones actuales.

Nuevamente nuestro país es puntero a nivel histórico y mundial: vamos a comprobar la solución Malthusiana. ¿Tenemos que esperar que haya colegas en extrema pobreza para que espontáneamente nazca en la población el deseo de no ser oftalmólogo o médico o lo que fuera? ¿Es ético desde el punto de vista de las instituciones nacionales y profesionales alentar el otorgamiento de títulos de especialista cuando se está engañando a todos los protagonistas?

Hay títulos que certifican una idoneidad que no es tal, por lo que se ve engañado el paciente. El título no garantiza en absoluto una salida laboral, por lo que se ve engañado el profesional. El esfuerzo de educar a tantos y la escasa recompensa por el trabajo profesional debilitan la capacidad del Estado de formar buenos profesionales y de éstos para procurar su formación continua.

En ciertos hospitales públicos se alientan figuras administrativas que otorgan títulos a cambio de trabajo gratuito transitorio para ahorrar salarios de personal, cuando debería estimularse el trabajo estable.

Estamos cerca del punto de no retorno. Todavía estamos a tiempo. La voz y la acción de las instituciones oftalmológicas debería hacerse sentir, para no tener que probar la amarga solución malthusiana.


MO Médico Oftalmólogo Año 14, Nº 2, mayo de 2001
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© Consejo Argentino de Oftalmología

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Unidos e independientes

La Sociedad Argentina de Oftalmología y el Consejo Argentino de Oftalmología manifestaron su política de trabajar en conjunto por el bien de la profesión en el acto de asunción del doctor Carlos Argento como presidente de la SAO, donde se presentaron nuevos proyectos y los resultados de la Encuesta Nacional.

Las entidades que representan a los oftalmólogos estrecharon sus manos el día de la asunción del profesor doctor Carlos Argento a la presidencia de la Sociedad Argentina de Oftalmología. El acto realizado el pasado 14 de marzo fue el marco ideal para que los titulares de las entidades oftalmológicas expresaran el deseo de un futuro trabajo mancomunado y para presentar los resultados de la encuesta nacional de la oftalmología ante 500 médicos congregados en el salón Libertador del Sheraton Hotel de Buenos Aires.

Las nuevas autoridades de la SAO encontraron la oportunidad de anunciar, entre otras actividades futuras, un programa que abarca cursos, fomenta la publicación científica, califica a los expositores y expusieron las nuevas políticas de formación académica y de unión entre los profesionales. Sobre este punto, el doctor Ricardo Dodds, presidente del Consejo Argentino de Oftalmología, se refirió en el cierre del evento opinando que "los médicos debemos estar unidos, pero las instituciones deben mantenerse independientes y trabajar en forma conjunta".






Los presidentes Carlos Argento (SAO) y Ricardo Dodds (Consejo) en el salón Libertador del Sheraton, el 14 de marzo de 2001.

Nervios

En primer lugar se procedió a la entrega de diplomas a la nueva comisión directiva que ejercerá sus funciones hasta el año 2002 y está integrada, además del doctor Argento, por los doctores Atilio Lombardi como Vice; Oscar Donato en carácter de Secretario; Roberto Borrone como Tesorero e Ignacio Negri Aranguren en la función de Secretario de Actas."Si creen que estoy nervioso, tienen razón", disparó Argento al iniciar su charla, logrando distender al auditorio. Luego de las palabras introductorias del presidente saliente, doctor Carlos Roveda, quien recibió al doctor Argento en forma auspiciosa; el nuevo titular hizo un largo repaso de su carrera y su vínculo con la oftalmología, en el que no dejó de mencionar a sus maestros, a quienes fue ilustrando con proyecciones fotográficas, y dejó al auditorio preparado para recibir a la licenciada Graciela Römer, titular del estudio que realizó el trabajo que servirá de cimiento para la replanificación académica y profesional médica en el futuro inmediato.

Römer se limitó a enunciar los aspectos más destacables de la encuesta, como el grave estado de la formación académica y quirúrgica, la crítica situación laboral y la superpoblación oftalmológica (ver nota principal), los cuales fueron seguidos con suma atención por los profesionales y generaron una preocupación para nada sorpresiva. La consultora mencionó otros aspectos como el uso de la computación en la consulta médica y la imagen positiva que ostentan ambas instituciones. Todos estos temas quedaron instalados en la conciencia de cada oftalmólogo presente y fue motivo de largas conversaciones en el cóctel que se realizó después del acto, en el segundo salón del hotel, por gentileza de laboratorios Alcon.

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Hacia una integración orgánica
por Ricardo Dodds
médico oftalmólogo, presidente del Consejo Argentino de Oftalmología

El concepto de unidad se relaciona directamente con la concordia de las legítimas diversidades. Esto elimina de cualquier consideración la posibilidad de que pueda existir una suerte de "competencia" entre instituciones.

Con gran satisfacción, se publica en este número de MO un artículo del profesor Carlos Argento, Presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología.
Y reitero, con gran satisfacción, porque su "clamor por la UNIDAD" no hace más que reflejar nuestro propio anhelo puesto de manifiesto a lo largo de estos últimos seis años en los que nos ha tocado servir a la comunidad oftalmológica.
No creo exagerar en lo más mínimo al afirmar que la búsqueda de la unidad ha constituido el elemento básico de nuestra actuación, como creo se ha demostrado en la práctica.
Y no podría haber sido de otra manera, ya que la esencia misma del Consejo Argentino de Oftalmología responde al principio de Unión que le impusieron sus fundadores, al reunir, bajo un mismo techo, a todas las cátedras y sociedades oftalmológicas reconocidas en el país.

En tal sentido, vale la pena recordar que el 19 de mayo de 1962, convocados por la Sociedad de Oftalmología del Litoral, se reunieron en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, los profesores doctores representantes de las Cátedras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, de la Universidad Nacional del Litoral, de la Universidad Nacional de Córdoba, de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad Nacional de La Plata. También los enviados en nombre de la Sociedad Argentina de Oftalmología, la Sociedad de Oftalmología de Córdoba, la Sociedad de Oftalmología del Litoral, la Sociedad de Oftalmología de Mendoza y la Sociedad de Oftalmología del Norte.

Como se puede apreciar, fueron muchas las celebridades de nuestra profesión que quisieron legar a la posteridad un vínculo de integración nacional, que si hasta el momento no ha rendido en la medida deseada por sus fundadores no se deberá, sin duda, a una falencia institucional, sino más bien a nuestra propia incapacidad de interpretar sus deseos.
Es bueno recordar aquí que las autoridades que rigen y dictan las políticas de acción del Consejo Argentino de Oftalmología son los titulares de todas las cátedras y sociedades oftalmológicas del país, los cuales conforman el Consejo Directivo. Este, a su vez, elige cada dos años al Comité Ejecutivo, que es el órgano efector.
De tal modo, todos pertenecen a su sociedad local y al mismo tiempo, a través de ella o individualmente, también forman parte del Consejo Argentino. Asimismo, todas las sociedades y cátedras integran el Consejo Argentino de Oftalmología.

Es patente que hay sociedades, como la SAO, que por su importancia numérica y su actividad descollante trascienden sus propias fronteras y son un verdadero ejemplo para el resto del país. Pero aun así no agotan su potencialidad local, que además de plasmarse en su excelente capacidad docente pueden promover –como ya lo hacen– campañas de relevamiento de afecciones oculares a nivel escolar, prevención de la ceguera por retinopatía diabética, glaucoma, retinopatía del prematuro, etc. Actividades que no sólo cubren una grave obligación de salud pública, sino que secundariamente logran prestigiar la imagen del médico oftalmólogo ante la sociedad, ocupando los espacios que indebidamente pretenden llenar auxiliares de la medicina.
Con demasiada frecuencia solemos lamentarnos de la intromisión de oportunistas en las actividades propias del médico oftalmólogo, sin la consiguiente y responsable respuesta personal y colectiva.
Ante este amplísimo panorama, la misión primordial del Consejo será, fundamentalmente, la de coordinar, promover, estimular, alentar todas estas acciones a nivel nacional y, secundariamente, iniciar o llevar a cabo en forma supletoria las que fueran necesarias o que no fuese posible o conveniente concretar localmente.
Porque "unidad" no es "uniformidad", sino integración orgánica de las legítimas diversidades. Esto elimina de cualquier consideración la posibilidad de que pueda existir en nuestro ánimo una suerte de "competencia" entre instituciones.

Como se desprende de todo lo anterior, la obtención de la tan apreciada unidad no se resuelve modificando instituciones, de por sí adecuadas, sino más bien exigiéndonos actitudes de servicio, sin mediar intereses personales de quienes hemos sido elegidos para dirigirlas temporariamente. En esto ponemos todo nuestro empeño.


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"El futuro de integración que sueño para la oftalmología"
por Carlos Argento
médico oftalmólogo, presidente de la SAO


Sólo un 15 por ciento de los oftalmólogos objetó una futura integración entre las entidades que los representan, y ese rechazo se debió fundamentalmente a la posibilidad de que esta genere un poder hegemónico y absolutista. Es una razón sumamente importante, que obliga a generar mecanismos para evitarlo. No tiene sentido la división entre oftalmólogos. Todos tenemos las mismas necesidades y nos tenemos que defender de los mismos problemas.

 


Tengo esperanza de que las cosas en nuestra profesión cambien en un futuro próximo, porque siento que muchos colegas reclaman cambios en el mismo sentido, como lo ha demostrado la encuesta oftalmológica nacional, cuyos resultados serán publicados próximamente en los Archivos de Oftalmología de Buenos Aires. Pero debemos ser conscientes de que estos cambios que todos queremos requerirán esfuerzos e imaginación. Pero, como ha dicho Friedrich Nietzsche "cuando se tiene en la vida un porqué, se vive sin dificultad el cómo".
El aspecto más importante de mi sueño para tener un futuro oftalmológico mejor es la integración institucional Sociedad Argentina de Oftalmología-Consejo Argentino de Oftalmología.
Evidentemente las cifras de consenso de esa integración son más que elocuentes. El 85 por ciento de los médicos oftalmólogos que emitieron su opinión lo consideraron fundamental.
Las dos instituciones cumplieron –y cumplen– funciones importantes, pero ahora más que nunca estas funciones deben ser coordinadas para aunar esfuerzos y no desperdiciar recursos.
No tiene sentido un Comité de Acreditación de la Sociedad y otro del Consejo, ni un Comité de Etica de la Sociedad y otro del Consejo, ni cursos de uno y de otro, ni recursos dispersos, es decir, no tiene razón la división oftalmólogos SAO, oftalmólogos Consejo Argentino.
Somos todos médicos de una especialidad, tenemos las mismas necesidades, nos tenemos que defender de los mismos problemas y contamos con recursos limitados.
Nosotros, a quienes toca dirigir las instituciones en este momento, debemos hacerlas vivir en convivencia cooperativa y no en competencia independiente.

Para la medicina actual, el aspecto puramente científico y el ejercicio profesional son eslabones de la misma cadena, tal como ha señalado el doctor Roberto Borrone en la presentación realizada con motivo de la asunción de las nuevas autoridades de la SAO en marzo pasado.
El motivo fundamental que argumentó el 15 por ciento de los oftalmólogos que objetaron la integración, fue la posibilidad de que ésta genere un poder hegemónico y absolutista. Si bien es una razón sumamente importante, hay que procurar mecanismos para que esto no suceda. No se puede dejar de construir una autopista por el temor a los accidentes, ¡hay que crear los mecanismos para evitarlos! Como decía Pitágoras: "el hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos".

Unificación

Sueño con una sede única, un lugar llamado "Academia Argentina de Oftalmología", con su consejo directivo integrado por miembros de las dos ramas fundamentales (Consejo-SAO) y con médicos del interior del país; un lugar de y para los oftalmólogos al que cuando concurra un médico que solicite inscribirse en un curso, la recepcionista le diga "departamento científico: primer piso, doctor". Y cuando asista otro colega que tiene problemas de honorarios con la mutual le diga "departamento de ejercicio profesional: segundo piso, doctor".
Un lugar que dicte normas de certificación, que privilegie el sistema de residencia, que defienda al oftalmólogo en su trabajo, que premie el esfuerzo, la creatividad, la solidaridad, la enseñanza, que dé oportunidades a todos sus miembros.
Un lugar del cual todos nos sintamos orgullosos de pertenecer y que si no así no fuera no pudiéramos gozar de los beneficios de nuestra comunidad oftalmológica, lo cual le da a ese lugar la posibilidad de penalización.
En fin, querido colega, si usted está entre el 85 por ciento de los oftalmólogos que quieren la integración, si usted tiene los mismos sueños para una oftalmología mejor, hágase sentir, reclame, participe, involúcrese... no culpe sólo a las circunstancias porque, como dijo George Bernard Shaw "la gente siempre culpa a las circunstancias, pero sólo triunfa quien se levanta, busca las circunstancias y si no las encuentra las crea".

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La calidad en riesgo
por Christian Boyanovsky

Casi la mitad de los oftalmólogos se incorporó al mercado durante los últimos diez años. La declinación académica y la caída de los ingresos son productos de esa desmedida expansión.


Cuando los médicos oftalmólogos de la Argentina fueron consultados acerca de cuáles eran los principales problemas que afectan a la especialidad, fueron coincidentes en la enumeración. La superpoblación médica lideró la lista, seguida por la falta de tecnología y la poca capacitación.

Esa sensación generalizada demostró que hay realidades que hablan por sí solas: la encuesta de Graciela Römer & Asociados no hizo otra cosa que confirmarlo, con números precisos y por primera vez en la historia oftalmológica.

El trabajo revela que casi la mitad de los oftalmólogos que ejercen en la actualidad se incorporó al mercado en la última década; la escasa formación a través de residencias, que plantea un alejamiento a las formas establecidas y reconocidas mundialmente como legítimas para la certificación profesional, y la caída de los ingresos en los sectores privados. Pero estos puntos álgidos llegan de la mano de otras preocupantes realidades, que según la visión de expertos, cada una deriva y es consecuencia de la otra.

Nivel académico

El dato que, quizá, cierra el círculo es la expansión demográfica de oftalmólogos. En la última década se sumó al mercado ocular el 40,7 por ciento. Esto es alrededor de 1.400 médicos. La superpoblación produce un efecto directo sobre la formación universitaria, la cual viene recibiendo aspirantes y expulsando graduados en forma cuasi industrial año tras año. Según el ex decano de la Facultad de Medicina, Guillermo Jaim Etcheverry, esos graduados llegan a 4.500 y el porcentaje que encuentran una plaza para ejercer la residencia es ínfimo. "Es imposible brindar a toda esa gente una formación de calidad, tanto en el pregrado como el posgrado. En el país hay alrededor de 1.500 plazas de residencia. Entonces casi dos tercios de los médicos que se reciben no tienen lugar para el posgrado", expone el médico.

Esa deficiencia en el plano de la especialización se ve claramente reflejada en la encuesta. Sólo el 49 por ciento de los oftalmólogos adquirió formación de posgrado en residencias, considerada por los profesionales como "única forma aceptada en el mundo que certifica la excelencia profesional". La cantidad de concurrentes comprende el 36 por ciento, pero, además, un 5 por ciento no realizó concurrencia ni residencia.

Algunos médicos también observaron como una grave falta en la capacitación el bajo porcentaje de cirugías practicadas. De un promedio de 55 horas semanales, los médicos dedican 11 a operar. Además, durante el período de formación, la tercera parte realizó menos de 20 cirugías, cuando el valor medio es de 100.

Subocupación

Al deterioro educativo se agrega un problema en ascenso, que los profesionales ubicaron en el tercer escalón de la lista, y es que se ven cada vez más afectados por una subvaloración onerosa de sus tareas, reflejada principalmente en los contratos con las obras sociales. Estas entidades pagan un promedio de diez pesos la consulta, y además son quienes mantienen las mayores deudas. Según la encuesta, adeudan honorarios por más de 90 días en un 54 por ciento.

Muchos médicos se ven forzados a trabajar en el ámbito público y privado, en simultáneo. El salario promedio en los estatales es de 755 pesos. Esta realidad genera una sensación muy clara: la mitad de los oftalmólogos no está satisfecha con sus ingresos y un grave 57 por ciento tiene oscuras perspectivas con respecto al futuro profesional.

Como parte del proceso de ampliación tecnológica, internet también empieza a convertirse en instrumento de trabajo y formación. Esta tendencia está demostrada con las permanentes consultas a la biblioteca virtual del Consejo y la actividad incesante de la "lista de discusión". Sin embargo, no es un gran porcentaje de profesionales el que accede a ese medio electrónico. La tercera parte lo usa habitualmente, el 40% sólo en ocasiones y el 18 por ciento no cliquea jamás. Esta última tendencia se da en los mayores de 51 años y en los habitantes de la zona del noroeste.

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Uno propone, el otro ejecuta

El ministro Delich y el nuevo comisionado para reformar a la educación superior, Hugo Jury, quieren renovar la política educacional. Ya se habla de "poner límites" en el ingreso.

A poco de asumir, el ministro de Educación, Andrés Delich, se metió con un tema candente: abrió la polémica en torno de revisar los cupos de ingreso a la universidad pública. En el camino encontró a aliados y detractores, pero insistió en "examinar" diversos aspectos de la formación académica donde figura, en un crítico primer plano, la medicina.

"Debe existir una lógica de planificación mínima –destacó el Ministro–, porque el sistema universitario ha crecido en forma caótica en estos últimos años. ¿Cuántos estudiantes debe tener una facultad para rendir efectivamente? Ese es el primer problema, por eso debo poner algún tipo de límite".

Para instrumentar esos cambios, el funcionario constituyó por resolución del 3 de mayo de 2001 una Comisión de Reforma de Educación Superior, cuyo presidente es el médico Hugo Jury, quien pocas semanas atrás fue el ministro renunciante por los recortes de López Murphy.

La carta orgánica de esa delegación, a la que MO tuvo acceso, plantea, en su párrafo segundo, el "incremento de la retención y graduación" y especifica que tratará el "estudio y puesta en marcha en cada universidad de un sistema de admisión de estudiantes que incremente la retención del primer año, eliminando las causas del abandono temprano".

 El ministro, que ante la vacante "saltó" desde su lugar de vice para ocupar la titularidad de la cartera, ejemplificó su postura con la carrera de Medicina, donde, dijo "es necesario poner restricciones porque existen ciertas capacidades y limitaciones para enseñar con calidad. El ingreso es uno de los instrumentos de la política educativa. Y, depende de cómo se use, puede ser como el bisturí: puede curar, pero también puede asesinar".

Según datos divulgados, actualmente 60 mil estudiantes de todo el país pretenden ser médicos, en nueve universidades públicas y 14 privadas. Las privadas exigen un curso de ingreso, examen y cuotas mensuales.

 

 


Andrés Delich (izq.) presentó a su nuevo colaborador, el ex ministro Hugo Jury. El titular de educación quiere limitar el ingreso.
Foto: Esteban Mac Allister/Stock Press

Entre las universidades públicas con mayor matrícula, la UBA y la Nacional de Rosario siguen defendiendo el ingreso irrestricto. La Universidad de Córdoba, en cambio, implementó un cupo de 600 vacantes y la Universidad Nacional de La Plata impuso un curso de nivelación.

Viraje

Era de esperar que el rector de la UBA, Oscar Shuberoff, no coincidiese con el ex alumno de sociología Delich, pero tampoco fue al choque frontal. "Lo que (Delich) quiso decir es que el Estado debe recuperar su posición, que no debería haber abandonado, en el marco de la autonomía universitaria, de programar una política de educación con consenso. Conozco su pensamiento, pero no esperaba el debate ahora", destacó. Lo curioso es que en sus épocas de universitario militante, Delich fue un gran defensor del ingreso irrestricto y del Ciclo Básico Común (CBC) –que creó su padre, Francisco–. Ahora su proyecto de examen de admisión alcanza, incluso, a maestros y profesores.

Con Jury a la cabeza, la nueva comisión se encargará de: "Establecer requisitos de acreditación de las carreras de grado. Conformar una reglamentación que asegure tanto los derechos como obligaciones de los estudiantes. En particular los requisitos de alumno regular, de permanencia y de regularidad. Revisar la totalidad de los planes de estudio, fijando con claridad la extensión real e impidiendo que un estudiante de dedicación completa deba cursar más de una cierta cantidad de horas. El reconocimiento de créditos al estilo de las universidades americanas o de la Unión Europea" y otros puntos que podrían modificar la Ley de Educación Superior. Esta norma se aprobó en julio de 1995 y generó debates y resistencias por parte de los estudiantes. Entre otros puntos, habilita a las facultades con más de 50 mil alumnos a establecer su propio sistema de ingreso.


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