Publicación del Consejo Argentino de Oftalmología
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ISSN 1515-4785

 Año 14 Nº 5, noviembre de 2001


Editorial
El problema es Buenos Aires

La organización institucional de los oftalmólogos en cada distrito del país es muy diferente. Algunas sociedades tienen personería, otras no existen desde el punto de vista formal o legal. Están las que sí existen legalmente pero no desarrollan actividades que den forma a la institución. Esto habla tanto de las dificultades de los médicos para organizarnos como de la real necesidad que de dichas instituciones tienen los médicos de cada distrito.
Cuando la conveniencia se hace evidente, muchos distritos han advertido las ventajas de organizarse para discutir con los administradores de salud en un nivel de razonable igualdad.
Lo notable es que si bien desde Buenos Aires se alienta y estimula la conformaciòn y el fortalecimiento de estas instituciones, los porteños no somos capaces de lograr soluciones concretas en ese sentido. Pareciera que está el esfuerzo y la capacidad para organizar proyectos académicos y docentes, e incluso aconsejar sobre las formas de administrar la organización de cada provincia, pero no el propio distrito.
En vista de las experiencias que se publican en este número, queda claro que el problema más importante de la oftalmología argentina es Buenos Aires.
La gran cantidad de médicos subocupados, la multiplicidad de obras sociales, las empresas de medicina prepaga, el menosprecio y el surgimiento de conductas intempestivas para con los médicos debido a que la situación de bajísima rentabilidad o quiebre inminente de esas empresas y organizaciones, todo hace de Buenos Aires el escenario ideal para desvalorizar el trabajo del oftalmólogo, esencialmente porque no hay una organización que permita la discusión entre iguales que sí han logrado los médicos del interior que se lo propusieron.
Es necesario impulsar la conformación de un colegio médico de la Capital, con matriculación obligatoria, con reglas claras en cuanto a la conducta profesional y con las debidas precauciones para que no se produzcan ciertas desviaciones que desvirtuaron a algunos colegios médicos provinciales, pero que pueda detener esta hemorragia presionando en el lugar donde más sangra: Buenos Aires.

 

MO Médico Oftalmólogo Año 14, Nº 5, noviembre de 2001
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La consulta social en marcha

El presidente electo del Consejo Argentino de Oftalmología propone un sistema que permita a la población atenderse en consultorios oftalmológicos.

La consulta social es una idea que deambula por la cabeza de los médicos desde mucho tiempo atrás y que se ha ido corporizando en la medida que avanzan las políticas reduccionistas, tanto del área pública como del sector privado de salud. Ante la brecha entre la consulta exclusivamente privada y la filtrada por los sistemas de salud en franco deterioro (obras sociales, sector público), así como la inaccesibilidad de algunos prepagos y la consecuente demora en los turnos para casi todos los casos aludidos, la posibilidad de brindar una consulta accesible al paciente y redituable al médico y complementada con una serie de comodidades y beneficios, empezó a dejar de ser un debate en las confiterías de los hospitales para convertirse en un plan concreto que puede ponerse en marcha a fin de año.

Una vez consagrado presidente electo del Consejo Argentino de Oftalmología, el doctor Julio Manzitti desarrolló un sistema de adhesión voluntaria que instala la consulta social y cuya instauración en Capital y alrededores depende de muy pocos factores.

Población

"En la República Argentina aproximadamente un 45 por ciento de la población no tiene cobertura social, un 43 se cubre con las obras sociales sindicales, de las cuales son afiliados obligatorios. Hay un porcentaje de alrededor del 5 por ciento que son atendidos por las medicinas prepagas y el 50 por ciento de ellos tienen coberturas reducidas y a veces no pueden recurrir a buenos especialistas. Y hay un 7 por ciento que son atendidos por las obras sociales de las fuerzas de seguridad y IOMA", detalla Manzitti. "Esto nos indica que entre el 85 y 90 por ciento no tiene cobertura social o su cobertura es insuficiente en algunos aspectos —prosigue el médico—. Muchos de estos pacientes tienen que recurrir a hospitales o consultorios oftalmológicos que le cobren poco. A veces tienen que ir a una consulta inaccesible o esperar ser atendidos por su obra social, lo que implica una pérdida de tiempo".

La pérdida a la que refiere Manzitti se traduce en largos meses de espera para un turno telefónico o soportar las interminables jornadas en hospitales y consultorios para acceder a un turno de primera vez. "Entonces queremos hacer una consulta social que signifique la posibilidad de que la población pueda llegar a los consultorios oftalmológicos en tiempo y forma, sin perder tiempo solicitando turnos y atenderse en el tiempo acordado e ir al consultorio más cercano a su lugar de trabajo, vivienda o colegio, en el caso de los chicos", dice el jefe del Servicio de ojos del Hospital Garrahan.

Accesible

El valor establecido para la consulta social, según un estudio realizado por el oftalmólogo platense César Espinel Boffi (ver nota en este número), es de 22 pesos. Ese monto permite "cubrir los costos, la reposición del material y le deja al médico un dinero que le sirve para seguir creciendo en la profesión. De esta manera, ofrecemos a la población acceder a toda la red oftalmológica con los médicos que quieran adherir a una consulta lógica para el médico y para la sociedad", explica el doctor Manzitti.

El sistema funcionaría con bonos de consulta distribuidos en varios puntos de la Capital y el Gran Buenos Aires, donde podrán ser adquiridos por el paciente. Cada profesional entregará cada cierre de mes una lista de bonos con los que se les pagó cada consulta y recobrará el dinero de manos del ente recaudador. "Estamos en contacto con redes de distribución. Ya se ha conversado con redes de correos y de farmacias y estamos negociando. Por supuesto, en el medio hay que pagar un costo que va a ser lo más bajo posible, al que vende el bono y al Consejo para los gastos administrativos, ya que no tiene intenciones de lucro", aclara el presidente electo de la institución.

Este último detalle es el que genera algunas dudas en los médicos, en general dispuestos a adherir a este sistema (ver: Opinan...), ya que —más allá de confiar en el Consejo— piden que se procure transparencia en la recaudación. Por otro lado, mientras algunos médicos consideraron que el sistema público es el que debe cubrir esa franja poblacional, otros plantearon su interés en que la consulta social pueda extenderse a otras prácticas.

"El paciente que no tiene prepaga —casi el 90 por ciento de la población— puede comprar un bono en la farmacia y pedir turno con cualquiera de los profesionales adheridos al sistema y atenderse en el consultorio por un monto mucho más accesible. La mayoría de los médicos tienen 3 o 4 por ciento de pacientes particulares y 97 de pacientes de 13 y 14 pesos. De esta manera puede aumentar al 30 por ciento sus pacientes de 22 pesos, y además se le está dando cobertura a la población", subraya Manzitti. En ese sentido, el profesional se vería beneficiado con un ingreso superior, dado que la mayoría de las obras sociales abonan 14 pesos la consulta, suma que los impuestos reducen a 10,50.

Compatible

La particularidad de la consulta social es que su funcionamiento es absolutamente voluntario. Tanto para el paciente, que puede optar libremente por comprar su bono, como para el médico. "El Consejo invita a todos los oftalmólogos asociados a adherir a este sistema, pero la adhesión será voluntaria", dice Manzitti. Por cierto, una porción de oftalmólgos elegirán quedar fuera de la red, porque su cartera de clientes es suficiente o el valor de su consulta no se adapta a este sistema. "Pero hay médicos de consultorio que atienden por prepagas a 14 pesos. A ese médico le conviene".

El doctor Manzitti asegura que será perfectamente compatible con los sistemas de salud que funcionan en la actualidad. También que no depende de ninguna intervención estatal. De hecho, "no hay ley que reglamente el manejo de las prepagas y esto no es un prepago. Es un convenio de adherencia voluntaria. Esto es un tema comercial totalmente libre que el Consejo ha puesto en manos de abogados y contadores para que se haga como corresponde", aclara Manzitti.

Todos los médicos interesados en sumarse a este convenio podrán evacuar sus dudas en la secretaría del Consejo Argentino de Oftalmología. Y en este número de MO se presenta una carta con la que se puede manifestar el apoyo a esta iniciativa y proponer modificaciones y reuniones aclaratorias.

La consulta social está planteada. Quienes la impulsan, vislumbran que comenzará a funcionar en el término de tres meses (estamos en septiembre) y su instauración dependerá de que "los médicos asociados interpreten que esto sirve, y que la red de distribución de los bonos funcione".

 

Opinan los médicos

La propuesta de una consulta social tuvo buena recepción en algunos médicos consultados por MO y las dudas fueron coincidentes. También aquellos médicos que se manifestaron en contra, lo hicieron por el mismo motivo.

Estas son algunas de las opiniones recogidas:

Dr. Patricio Grayeb, Hospital Santa Lucía.
Me parece una propuesta coherente con las dificultades que hay con las obras sociales e incluso con la situación del país. Sería acercar un poquito la atención a todo el mundo. Me parece interesante y me adheriría. La recaudación, lógicamente, tendría que tener cierto control de alguna institución como el Consejo, para que no haya dudas. Tengo dudas en cuanto a que un paciente tenga acceso a la consulta y después se le presenten dificultades a la hora de tener que realizar un tratamiento, quedando un poco desprotegido cuando tenga que hacerse algo de mayor complejidad. Quizás habría que adaptar los valores de las prácticas y las cirugías dentro de lo posible.

Dr. Mariano Negri, Hospital Lagleyze.
No estoy de acuerdo porque esto, teóricamente, ya está contemplado en el sistema público. Lo que podemos hacer es ayudar al sistema público para que tenga mayores recursos, pero el paciente que no tiene medios ya está contemplado allí. Ahora, si se ayuda al sistema público a detectar la cantidad de pacientes que ya tienen cobertura social y que igual viene al hospital a atenderse, se va a lograr mucha más agilidad en el sistema para aquellos que no tienen cobertura y no hará falta implementar este sistema.

Dr. Daniel Benisek, Hospital Santa Lucía.
Básicamente estoy de acuerdo. Pero tengo dudas en cuanto a la transparencia en el manejo del dinero. Con las actuales autoridades y las que van a asumir, no tengo dudas, pero ¿qué podría pasar en el futuro? Habría que establecer algún sistema de garantía para evitar que se desvíe parte de ese dinero o se direccione la consulta. Una forma de igualar las posibilidades puede ser un listado de médicos en un medio público donde todos los profesionales figuren con iguales características, quizá divididos nada más que por zonas. Me parece conveniente establecer algún tipo de trato diferencial para que las instituciones no tomen como patrón de valor de consulta el que se le da a este tipo de pacientes, porque si eventualmente esto se extiende a cualquier práctica especializada, pueden tomar ese valor como referencia para pagar a sus prestadores.


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Políticas gremiales
La solución de todos

por Christian Boyanovsky, periodista.

Sólo con medidas conjuntas se logra hacer respetar los derechos profesionales. La experiencia en las provincias. Por qué es urgente un nomenclador.


La situación obliga a una profunda revisión: a establecer una nueva etapa en la relación de trabajo. "Hoy el médico es un asalariado", decía con dureza Miguel Fernández Vigil, presidente de la Asociación de Anestesistas (MO julio de 2001). Su prédica acerca de la política de unión a la que están conminados todos los médicos del país se confirma cada día, frente a cada conflicto. Así como otrora las masas lograban cambios significativos en las fábricas —práctica perdida y no por su falta de efectividad— y en los conglomerados, hoy los profesionales encuentran la forma de ejercer la medicina con el apoyo que da una corporación laboral, frente a una patronal muy poderosa, configurada por las grandes empresas gerenciadoras de la salud, que ajustan cada vez con mayor vehemencia los números flacos de su presupuesto de "gastos".

Lejos quedaron los días en que ser médico era "colgar un cartel en la puerta y esperar a que suene el timbre", como ilustra el doctor Hugo Nano.

Distintas propuestas, quejas, opiniones, denuncias y hasta informales proyectos de ley apuntan desde años atrás a combatir este problema que se resume en una frase en boca de casi todos: "la reducción permanente de los valores de las prestaciones, la falta de pago en muchos casos con cambio posterior de prestador por parte de la contratante".

Una de esas propuestas es el Nomenclador Nacional, aprobado en la última asamblea del Consejo Argentino de Oftalmología, y que es el resultado de un arduo trabajo del doctor César Espinel Boffi, el cual está siendo sometido a estudios y consideraciones de toda la comunidad oftalmológica (ver "Hacia un nomenclador...").

En cambio, otras experiencias dan cuenta de que no todo es teoría. Grupos de médicos en diversas zonas del país consiguen hacer frente al avance inescrupuloso de las empresas. ¿Cómo? Formando un cuerpo profesional que negocia en forma conjunta valores y modos de trabajo razonables y que está dispuesto a tomar medidas drásticas cuando los planes empresariales se apartan de lo convenido en forma arbitraria. "Nosotros hemos constituido la Asociación de Oftalmólogos de Río Negro", anticipa la presidenta de esa entidad, doctora Isabel F. de Román. "Logramos establecer un nomenclador homologado en las prácticas no nomencladas, realizando convenios en forma directa con la asociación. Establecemos pautas a través de un contrato tipo y realizamos, por ahora informalmente, una auditoría interna. Esto sólo se logra estando unidos", dice resaltando esa última y crucial palabra.

Y es que la unión de ideas y trabajo está demostrando ser el remedio más eficaz frente al avance de las empresas que gerencian la salud. De la misma manera, el Grupo Mendoza, que integra el doctor José Guarnieri vive en su provincia la "permanente reducción de los valores de las prestaciones, falta de pago en muchos casos con cambio posterior de prestador y el no reconocimiento del tercer nivel". Por lo tanto, este grupo que logró reunir al 80 por ciento de los profesionales locales, pudo enfrentar la situación. "En parte lo solucionamos actuando en grupo y exigiendo el pago de los valores adeudados previo a aceptar el cambio de prestador o no dando más atención en caso de no cumplimiento. El inconveniente mayor es que ellos cuentan con muchos de los profesionales que, por decisión propia, no integran el grupo", explican desde Mendoza.

Competencia

Para los médicos santafecinos el planteo fue muy claro: "o competíamos entre nosotros, individualmente o como clínicas con oftalmólogos a sueldo —con la consiguiente baja de aranceles— o nos uníamos para continuar con la libre elección y aranceles dignos", dice el doctor Luis Angel Parolín. Surtió efecto. Hace siete años que existe una sociedad anónima conformada por los oftalmólogos de esa provincia, denominada Servicios Oftalmológicos S.A. Parolín explica que después de superar el primer problema, que consistió en "persuadir a los prestadores de la conveniencia de efectuar contratos con nosotros", el grupo debe enfrentar ahora el sostenimiento de sus aranceles. "Tenemos que hacernos competitivos con los de Capital y Buenos Aires", aclara desde la provincia de Santa Fe.

En otros sectores del país, donde las características geográficas aportan otros factores que incrementan esta problemática, los médicos ven que el flujo de pacientes es desplazado "hacia otros centros de atención fuera del área que les corresponde", como ocurre en Jujuy, de donde es el doctor Ernesto Abad Ferrer. Allí, los oftalmólogos formaron la Agrupación de Profesionales de la Oftalmología (APO), que está "prevista en la Ley de sociedades comerciales y se adapta notablemente a los fines propuestos: mantener la independencia económica de cada profesional, permitiendo contar con una herramienta poderosa a la hora de negociar los contratos de prestación. Esto permite insertarnos con entidad propia en las negociaciones generales del Colegio de Médicos de Jujuy, quien negocia con los aranceles y condiciones que hemos establecido", según explica Ferrer.

Honorarios

Todos los médicos consultados exponen, cada uno a su medida, la necesidad de implementar un nomenclador nacional que sirva de pauta orientadora para negociar los aranceles de las distintas prácticas, aunque muchos grupos de médicos lo consiguieron a nivel regional. "Sería un logro importante. Posiblemente sea éste el momento, pero para que tenga éxito deberá responder a la realidad de todos los oftalmólogos", define Luis Parolín, que acredita experiencia en el tema. Sus palabras son la fiel representación de lo que piensa el resto de los médicos.

Esto se debe a los permanentes conflictos que se generan a partir del establecimiento de honorarios. "Algunos colegas trabajan a valores realmente indignos", indica la doctora Román, y argumenta que "un honorario de 200 pesos para una faco es ético y humanitario si se trata de un indigente, pero no lo es para una prepaga u obra social sindical".

El caso es que no siempre se puede elegir el monto a cobrar. Las gerenciadoras suelen establecer costos, muchas veces por debajo de lo irracional, y a veces llegando a recursos extremos. "El principal problema es el miedo. Las estructuras de poder infiltradas intimidan con el supuesto peligro de perder la fuente laboral", dice Román y advierte con gravedad que no siempre se trata de empresas comerciales. "Estamos representados por los colegios médicos agrupados en Federación de Clínicas y Federación Médica, devenidos en intermediarios administrativos, a través de UTE. Estas entidades, con las cuales no nos sentimos representados ni respaldados y que están contaminadas con intereses políticos, administran convenios capitados que limitan los ingresos y la capacidad de trabajo del médico, y además pretenden hacernos firmar convenios bajo amenazas."

Acuerdo

La actuación conjunta, entonces, es fundamental para el desarrollo profesional. La experiencia de los grupos médicos lo demuestra. Tras siete años de vida, Servicios Oftalmológicos, de Santa Fe, atiende "todas las obras sociales y prepagas y, por supuesto, el PAMI, aunque nos faltan algunas sindicales. Por el momento, estamos muy satisfechos y convencidos de la conveniencia de nuestra unión y tratamos de defenderla. Los problemas se plantean permanentemente por rebajas de aranceles, pero somos muy creíbles, actuamos con responsabilidad, dialogamos permanentemente, advertimos y sancionamos a nuestros colegas cuando es necesario", dice Parolín. La acción conjunta también permite evaluar los problemas de otra forma. En ese sentido, Ferrer explica que la APO, cuyo administrador es Carlos Cicero, no puede establecer "un ranking de entidades problemáticas, en realidad lo son todas", dice. Sin embargo "estamos desarrollando un sistema de información a través de internet (www.imagine.com.ar/apo) que nos permite tener información actualizada, fundamentalmente para control de atrasos y corte de servicios".

En muchos casos, la forma más efectiva para evitar que los administradores de salud violen las normas establecidas o impongan medidas desfavorables son drásticas: cortes de servicio que llegan a tener altos y hasta totales niveles de acatamiento. Esto genera un debate aleatorio en los sectores más reaccionarios, que se resisten al avance gremial, aludiendo que se vulnera la postura científica. Una polémica que permanece sin resolución.

Por otro lado, la diversidad existente en la Capital Federal parece desembocar en un desarrollo del problema aun más polarizado que en otras ciudades. Como si la concentración de médicos en esa región del país impidiese una política de acción gremial. Frente a eso, nada más esclarecedor que las palabras del doctor Ferrer para dar cuenta de la urgencia de unir esfuerzos. "Lo más difícil para nosotros es comprender que separados somos presa fácil de los merodeadores y comerciantes de la salud. Esta es una conducta natural, cualquier predador separa a su presa del conjunto para disponer de ella con facilidad".

 

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Hacia un Nomenclador Nacional
Por los valores médicos

El doctor Espinel Boffi desarrolló el estudio cuidadoso que, con la colaboración de todos los oftalmólogos, llevará a un índice arancelario único.

La historia de un nomenclador oftalmológico oficial se remonta al año 1994, cuando el entonces presidente del Consejo Argentino de Oftalmología, doctor Germán Rillo Cabanne encomendó el proyecto a los doctores Cesar Espinel Boffi, Rodolfo Groba y Luis Parolín. Por causas laborales y geográficas, fue Espinel Boffi quien se encargó de la tarea, quien presentó el anteproyecto y en septiembre de ese año expuso ante la Sociedad Platense de Oftalmología "un trabajo acerca del ‘Estado actual de la oftalmología en la ciudad de La Plata’. El presidente de la sociedad local, Dr. Jorge Lynch, encomendó a una comisión para que trabajásemos en pos de hallar un nuevo sistema en la modalidad de trabajo en la ciudad de La Plata", explica Espinel Boffi.

"Trabajamos sobre la idea de crear un sistema capaz de defender a todos los oculistas, que los objetivos buscados fuesen realistas, precisos, alcanzables en tiempo determinado, congruentes, declarados en término de sus resultados finales y verificables".

Los objetivos fijados fueron el fomento de:

1. El derecho a la salud ocular.
2. El derecho a la libre elección y al pago por acto médico.
3. La práctica de la especialidad en su totalidad sin restricciones ni limitaciones y dentro del sano arte del curar.
4. El cobro de remuneraciones justas, acorde con la jerarquización y la acreditación profesional.
5. El cobro en tiempo y forma; si así no sucediera, con los intereses correspondientes.

Promedios

El estudio contempla cuidadosamente los gastos afectados al ámbito médico, desde la silla para la secretaria hasta el equipo quirúrgico más sofisticado, y todos los costos profesionales. "La idea es que cada médico tenga que evaluar los costos de acuerdo con su propia infraestructura y a partir de ahí establecer sus propios valores". Según Espinel Boffi, recién después de que todos los médicos entreguen su propuesta "se podrá promediar un nomenclador nacional. Antes no", dice. Cada profesional puede hacer su propio estudio con el nomenclador que recibirá –y está disponible en internet (www.oftalmologos.org.ar/nomenclador1.html)– en la forma que se convenga.

Al momento no se pueden establecer promedios, ya que es imprescindible conocer el arancel propuesto por los distintos médicos. "Las realidades son diferentes en cada región", aclara Espinel Boffi. El único valor que seguramente quedará inamovible, y que ya fue adoptado por muchos profesionales, es el de la consulta, determinado en 22 pesos.

Como ejemplo, sirven los valores aportados por el doctor José Guarnieri, de Mendoza, que se mantienen gracias a contratos acordados con las empresas. "Algunos valores estipulados son: facoemulsificación con LIO rígida o plegable $ 1.300 y $1.500 para acrílico plegable, LASIK $ 1.300 a 1.650, glaucoma $ 800, viscocanalostomía $ 1.500, estrabismo $ 1.200, vitrectomía $ 3.500", detalló el oftalmólogo.

El trabajo de Espinel Boffi resume el porqué de un nomeclador: "la baja continua de nuestros honorarios y la falta de reconocimiento de la realidad de los gastos; la suba continua de nuestros insumos y la manipulación del profesional por parte de las entidades intermediarias", entre otros.


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Conversación con el Dr. Eduardo Arenas Archila

Entrevistado por Javier Casiraghi, MO y Gabriel Masenga, MO

Entrevista realizada en el marco del Curso de actualización terapéutica médico-quirúrgica en glaucoma, llevado a cabo del 6 al 8 de septiembre de 2001 en el Hotel Caesar Park de Buenos Aires

- Usted ha ejercido como médico oftalmólogo durante más de 40 años en Colombia y es mundialmente reconocido por sus aportes a nuestra profesión. En el transcurso de ese tiempo seguramente ha visto muchos cambios en el desempeño profesional del médico dedicado a la oftalmología.

- En la medicina de los últimos años ha habido un gran cambio debido al incremento de la tecnología y a la aparición de nuevos métodos de diagnóstico y de terapéutica, así como la introducción de nuevos y complejos medicamentos cada vez más costosos. En este escenario reciente ha habido realmente una modificación en el ejercicio de la profesión médica. Muchos de nosotros conocemos las diferencias: antes el médico era un individuo muy respetado por la sociedad, por los medios y, desde luego, por el paciente. A medida en que la medicina comenzó a hacerse costosa se fueron involucrando otras profesiones con objetivos de tipo económico-financiero e industrial que, con una conciencia diferente a la nuestra, fueron convirtiendo a la medicina en una especie de negocio en el cual prima la productividad y el rendimiento económico a la relación médico-paciente.

En este mismo orden de ideas, en la medida en que la medicina se hizo costosa apareció la intervención del estado. Este estado supuestamente tiene que darle salud a quienes la necesitan y ha tenido que incorporar dentro de su presupuesto una serie de gastos cada vez más crecientes e implementar una medicina más socializada, a la cual pueda tener acceso la mayoría de las personas. Todo eso llevó a una financiación del estado en primer lugar, y en segundo, a la masificación. En esa ecuación entre la obligación del estado de entregar salud al pueblo y la necesidad de recortar el costo de esta nueva tecnología, el primer perjudicado ha sido el médico, porque la industria no rebajó sus precios.

En los hospitales no pueden bajarse los costos de la estructura. Los recortes que se hacen en Colombia, en Argentina y en todo el mundo empiezan por basarse en la reducción de los honorarios del médico: es el primer factor de ajuste, que lo acepta bajando la cabeza, por ese "pensamiento hipocrático". Es como un apóstol que no tiene derecho a salir a la calle, o de hacer huelga de brazos caídos no atendiendo a los pacientes, porque el atender es parte de su deber, y hasta cierto punto no brindar una atención indeclinable sería considerada un delito.

En todo este mecanismo se obliga al médico a reducir sus honorarios y a atender un número cada vez mayor de pacientes en un tiempo menor. Lo más triste de todo esto es que el médico ha ido perdiendo su dignidad como profesional y el paciente le ha perdido el respeto. Años atrás el paciente idealizaba a su médico. Hoy en día conviertieron al médico en un funcionario más al que se recurre como a una oficina a pedir un sellado para un documento, y logrando que perdiera la relación que tenía con el enfermo.

Teóricamente se hace esto para que la medicina sea barata. Pero yo creo que en lugar de tener una buena medicina para todos, lo que se genera es una medicina más costosa. Por ejemplo, si el médico es honesto y viene un paciente con un dolor de cabeza, no tiene tiempo de preguntarle si la noche anterior ha tomado mucho vino o ha tenido un traumatismo, lo primero que hace es pedirle una tomografía buscando descartar un tumor cerebral.

La víctima inicial es el médico y la final, el paciente. Este paciente será mal atendido y subdiagnosticado. Esto es lo que viene pasando con el médico honesto y estudioso. A la par va creciendo un grupo de profesionales que ya no tienen ese espíritu altruista y que utilizan el ejercicio de la medicina únicamente como una manera de producir dinero.

También ha surgido una nueva sub-especialidad: la medicina administrativa. En general, sus miembros son aquellos profesionales que no han llegado a ser especialistas o no les gusta la medicina asistencial. Una vez que son médicos administradores se dedican a castigar a los profesionales prestadores buscando cómo limitarlos o recortarlos.

El médico de hoy en día no va a tener los recursos para estar actualizado, ni le va interesar hacer una buena medicina, porque le da lo mismo hacerla bien que hacerla mal, porque está encasilllado en ver un número de pacientes por un determinado salario.

- ¿Cómo ve usted entonces el panorama futuro?

- A pesar de todo este pesimismo nunca va a desaparecer la buena medicina ni el buen médico, porque siempre al final el paciente va a tener que elegir entre aquellos profesionales que quieren hacer el bien, manteniendo su relación médico paciente. No importará el sacrificio que tenga que hacer el enfermo para acceder a ese médico. Como en Rusia, cuando existía la cortina de hierro, había médicos que tenían sus pacientes privados y que eran muy reconocidos.

- Hace bastante tiempo que en Colombia existe una escuela de optometría. En Argentina hay personas que quieren realizar actos médicos a través de la oficializacion de la optometria, ¿qué opina al respecto?

- Conozco muy bien la historia de la optometría en Colombia. Cuando no había facultad de optometría teniamos un grupo de optometristas excelentes formados en Alemania que trabajaban con mucha honestidad y calidad, y básicamente lo que ellos hacían es despachar anteojos según las fórmulas que les enviaban los oftalmólogos. No tenían pacientes propios y guardaban su lugar frente al médico oftalmólogo. Esto cambió cuando se creó la primera facultad de optometría. Su creador fue un oftalmólogo que tenía un interés muy egoísta: creó la carrera para que le enviasen a él los pacientes cuyos casos no podían resolver, en general pacientes quirúrgicos. Actualmente hay unas ocho facultades de optometría en Colombia y estarán apareciendo nuevas en muy poco tiempo. Es un gran error: se le dio al título el nivel de doctorado y la carrera dura 5 años. El título debería ser más elemental y el optometrista debería actuar como asistente del oftalmólogo, como un técnico, realizando estudios específicos indicados por el médico o preparando al paciente para ser visto por el oftalmólogo, como una carrera intermedia de 1 a 2 años como mucho.

El resultado es que después de 5 años de estudio y un título de doctor ellos se sienten con más capacidades de las que realmente deberían tener y deciden resolver por sí mismos todos los problemas que tenga el paciente, dificilmente participando al oftalmólogo. En este mercado de la "guerra del centavo" las obras sociales y prepagas han descubierto que es más barato contratar optometristas que oftalmólogos. El paciente entonces es del optómetra y éste es quien decide si debe o no enviarlo al médico oftalmólogo.

Nosotros nos formamos entre la vida y la muerte y en un escenario que genera cambios filosóficos y que nos obligan a creer realmente en el juramento hipocrático y en el deber de dejar de lado el aspecto ecónomico. A los optometristas no les inculcan esas ideas. Es otro criterio y otra mentalidad. Ellos son comerciantes formados para eso, por lo tanto la brecha es muy grande. Yo creo que los países que no tienen optometría a la larga tendrán una mejor atención de la salud ocular que en los aquellos donde existe, pues el oftalmólogo está en mejor condición de resolver un problema ocular: el ojo está conectado al resto del organismo.

 


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Entrevista al Dr. Jorge Lynch
Maestría a distancia: Una colección de Oftalmología
Entrevistado por Christian Boyanovsky

El director, profesor Jorge Lynch, sostiene la importancia académica del curso. Dice que jamás recibió una queja y que sin difusión convocó a muchísimos inscriptos.

A poco de finalizar la tercera Maestría en Oftalmología a Distancia, que a la fecha convocó a 1.500 alumnos, su director, el doctor Jorge A. Lynch, sigue recomendando a los oftalmólogos este plan de estudios. "Le va a dar una gran información oftalmológica. No hay tema importante que no esté contenido. Se dicta progresivamente, las materias están escritas por los especialistas más renombrados de cada tema y es un bagaje de conocimiento científico completísimo. Es un libro, es como una colección de oftalmología. Cómo será de bueno que todos los alumnos que hicieron el curso y luego se presentaron a rendir el título de especialista en todo el país no desaprobó ninguno".

Comenzó a dictarse en 1993, bajo el nombre de curso, y desde 1996 se llama Maestría "porque otorga el título de máster", dice Lynch. El título es académico, reconocido por el Ministerio de Educación de la Nación.

Esta maestría que dura casi 3 años y despliega 54 tutorías en todo el país, se pone en la práctica por una acción conjunta del Consejo Argentino de Oftalmología y la Universidad Católica Argentina. "El Consejo pone la inteligencia, los contenidos, la coordinación, los docentes y tutores y la universidad pone el aspecto técnico: impresiones, fotografías y fundamentalmente el aspecto pedagógico".

Plan de estudios

Surgió a raíz de una idea del fallecido doctor Lemuel Nazar, cuando el presidente del Consejo era el doctor Rillo Cabanne. Por su condición de docente universitario, fue elegido para dirigirla el doctor Lynch. "En ese momento yo no sabía muy bien cuáles eran los secretos de la modalidad de educación a distancia", reconoce tranquilo.

El plan elaborado se montó sobre cuatro pilares: "seriedad, continuidad, rigor, nivel".

Estuvimos averiguando y si bien en la educación a distancia en la medicina prácticamente no había experiencias, decidimos hacerlo igual".

A la hora de buscarle un sentido a este plan de estudios, Lynch explica que se tuvo en cuenta que "se reciben muchos chicos de médicos que quieren hacer la especialidad. De los que compiten para un cargo de residencia, quedan afuera entre 10 y 20. Algunos tienen la suerte de ingresar a un servicio como concurrente, pero quedan muchísimos chicos sin acceso a un servicio. Ni siquiera ad honorem, sobre todo en el interior, y aun en Capital y Gran Buenos Aires los servicios son muy precarios, entonces, salvo la atención primaria no se puede hacer otra cosa. El curso venía a contener a todos esos chicos que quedaban afuera", explica Lynch. "Con el tema de la certificación y la recertificación, la exigencia subió. Pero hace ocho años esto no existía, cualquier persona podía ser epecialista con sólo una ‘trampa semántica’. ¿Cuál era? El título universitario habilita como médico. Pero el profesional no pone debajo ‘urólogo’, sino ‘urología’. Jorge Lynch no pone ‘oftalmólogo’ sino que pone ‘oftalmología’ o ‘enfermedades de los ojos’. Entonces, con esta trampa todo el mundo se largaba a trabajar. Es más, lo hice yo. Pero yo fui un concurrente que tenía que estar todo el día en el hospital, así que tuve una buena formación. Después que aparecieron los colegios médicos se empezó a pedir el título de especialista".

El fundamento de la maestría es "dar una instrucción oftalmológica de contenidos básicos generales de complejidad progresivamente creciente y en forma sistematizada".

Aunque en su momento fue aclarado, el tema académico fue cuestionado por tres alumnos en su momento —aunque o prosperó—, porque el título, si bien es oficial y reconocido, no habilita como especialista. Esto se debe a que el aspecto psicomotriz, que evalúa las habilidades y las destrezas, no puede ser cubierto en un tipo de estudios no presencial. Los otros dos pilares obligatorios se cubren perfectamente: el cognoscitivo, con los textos, materiales y videos, y el afectivo, con las reuniones de tutorías y los exámenes grupales. "Pero es un buen título. Muy serio", dice el director y que aclara que se hacen exámenes prácticos, aunque no son de cirugía, sino "de campo visual o interpretación de un fondo de ojo, o examinar un enfermo con lámpara de hendidura. Para el tercer curso, exigimos que el alumno haga una actividad práctica paralela".

Nivel

El material de estudio consta de 17 módulos de unas 350 páginas cada uno, que incluyen fotografías color e ilustraciones, y siete videos quirúrgicos. "El material es tremendamente actualizado. En la parte docente participaron la flora y nata de la oftalmología argentina", dice Lynch.

Al alumno se le crea la obligación de dar un examen durante cuatro meses cada dos años y exámenes finales frente a las cátedras. Pero, para llegar al final tenía que aprobar cuatro parciales. "La reglamentación dice que el que no alcanza el 25% no puede continuar cursando". Pero no todo es exigencias: al final de la cursada, los dos mejores promedios acceden a una beca de un año en los Estados Unidos.

Según el doctor Lynch, poner en funcionamiento esta maestría "da pérdida", aunque no hay intención de elevar el costo, que a cada alumno representa en total un desembolso de aproximadamente 1.400 pesos. "Pero se pagan en 36 meses, porque corresponde a la cuota de inscripción, el derecho a los cuatro exámenes parciales, al final, 200 pesos la entrega de título, más 80 pesos por módulo", aclara Lynch.

Con la idea de buscar, asimismo, alternativas en ese sentido, el médico observa que al término de la tercera maestría ya hay "no menos de 150 interesados en la próxima, y sin haber hecho la menor difusión". De hecho, en la reciente edición de Rebecos 2001, en Córdoba, una encuesta reveló que casi todos los encuestados conocen la existencia de la maestría, hayan cursado o no. Similar proporción opinó favorablemente sobre la misma y el 60 % se mostró proclive a cursar en la próxima edición. Además, dos tercios de los médicos jóvenes tienen una "muy buena" opinión acerca de la modalidad educativa a distancia.

Estos datos alimentan el orgullo de su director. "Es que es un curso serio, tiene nivel y continuidad y su gran mérito es que nunca recibió quejas", dice.


MO Médico Oftalmólogo Año 14, Nº 5, noviembre de 2001
ISSN 1515-4785
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